
Acostumbrarse
a lo nuevo, a lo distinto, exige grandes dosis de individualidad en primera
instancia; pero esto resulta insuficiente, por lo que la idea de colectividad
se hace visible y necesaria.
Cada
poema es una historia construida desde la ausencia que ahoga y que impide
seguir viviendo, por lo que es necesario ese abrazo o esa mano que rescate no
solo lo psíquico sino también la parte física del SER, reducido a un cuerpo
descompuesto y roto por acontecimientos que ya no son los que fueron.
Este
tapón interno que arrasa el tiempo corpóreo tiene que ser expulsado bruscamente
a cada verso por el lector. Esto es lo que demanda el autor: masticar
lentamente requiere tiempo, y no sé es consciente de que podemos propiciar el
atragantamiento:
«Cuando te digan adiós, travestido de hasta
luego,
cuando se extingan los fuegos sin más tea en
la que arder.
Cuando se pare el reloj, y no me quede
sosiego,
cuando no quede más ruego, ni mañana, ni
después.»
Hasta provocar el tapón hay
un recorrido. A veces el tapón se produce de forma inesperada; se reduce a un
accidente. Otras en ese camino previo, la bola de emociones se convierte en
sólido inamovible. En el primero la
sorpresa convierte la expulsión en rabia:
«Esta noche, tu guitarra se encabrita.
Clava astillas, rompe uñas, hiere dedos.
Suena, llora, canta, gime, sangra, grita:
partituras de mi abrazo en tu cintura.»
Pero sea cual
sea la causa del atragantamiento, se llega a un estadio de resignación:
«Anoche llovió sobre mí.
Y desde mí.
Y lloví sobre el papel donde escribía esto.»
A veces el tapón se hace resistente:
«Si me aferro a una nube, si me ato a una
brisa,
si dibujo tu risa, si sostengo que pude»
David Yeste va dando claves a lo largo de todo la maniobra para
que el expulsivo sea efectivo y no dejar que la pasividad que amenaza se
apropie de lo que somos. Arrollar o ser arrollado por ese tren de la vida que
nos obliga a veces a descarrilar. Esperar, resurgir, revivir y sobrevivir a las
preguntas que sobrevuelan el techo de nuestro conocimiento. Lucha, resistencia
o huida. ¿Qué escoger? La elección la tienes tú, querido lector. Puedes
sumergirte en bucles acotados por el destino absurdo, en huidas hacia puertas
giratorias que te devuelven una y otra vez a los mismos hechos. O elegir que
las sombras dispersas se conviertan en tu propia sombra.
Tú, querido lector, tienes en tus manos un libro repleto de versos
para forjar la solución a un camino vacío de búsqueda tras el atragantamiento.
Lánzate a esa búsqueda de la propia identidad, la búsqueda del YO abandonado y
concede el armisticio sin demoras. No apartes de tu camino los nuevos comienzos
repletos de finales.
Para saber más sobre su obra, sobre sus recitales o sus
presentaciones: http://davidyeste.wordpress.com/
Su booktrailer en el enlace:
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lectura en Facebook:
David Yeste (Terrassa, 1969). Con estudios de humanidades, formado como
escritor en la Escola d’Escriptura de l’Ateneu
Barcelonès, con Andreu Martín y Sebastià Alzamora. Aparte de diversos
premios de cuento y relato, ha sido galardonado con el X Premi Ferran
Canyameres de Novel·la, con la obra Bots i Barrals (Baula, 2001), y el Ciutat d’Olot 2010, con In nomine patria (La Galera, 2010). Coordina y gestiona diversos talleres de
lectura y escritura creativa en el entorno de las Bibliotecas Públicas. Ha
colaborado en la antología de relatos de viajes Nómadas (Playa de Ákaba, 2013). En febrero de 2014 ha visto la luz su
primer poemario: La maniobra de Heimlich.